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ASCENSION DE RUTAS NORMALES

PROGRESIÓN SIN CRAMPONES

Las llamadas 'rutas normales' señalan la manera más lógica y a menudo más sencilla de llegar a la cumbre de una montaña; pero la ruta 'normal' a picos de más de 3.000 metros suele revestir ciertas dificultades técnicas. En artículo enunciamos las técnicas de progresión por pendientes de suaves a moderadas en terreno alpino, empleando por la progresión con piolet y sin crampones.

Cuando estamos seleccionando nuestra cumbre a escalar, siempre la escogemos por tener una ruta conocida o muy conocida, la historia existente sobre su primera ascensión o por ser una cumbre representativa, como el caso del Aneto o el Mont Blanc, acompañando a nuestra satisfacción interna que se produce al escalar o ascender las montañas que deseamos. Habitualmente todas las montañas tienen diferentes rutas para su ascensión. Algunas de estas rutas son las conocidas con el epíteto de ‘normales’. Son las rutas más asequibles técnicamente, pero no se encuentran necesariamente exentas de complejidad técnica, sobre todo cuando están localizadas en ambiente alpino.

Características del terreno y las montañas:

Ahora nos centraremos en las rutas normales cuyas características sean las siguientes. Localizadas en terreno de tipo alpino en una altura entre los 3000 y 4800 metros. Recorridos con largas pendientes de nieve y con ninguno o pocos resaltes rocosos. Pendientes moderadas de 20 a 40 grados de inclinación y puede presentarse alguna cresta de nieve o roca. En esta inclinación de pendiente se suele progresar zigzagueando sin utilizar las puntas frontales de los crampones o la puntera de las botas, evitando la subida frontal que acabaría con nuestros gemelos al borde del colapso y dando una imagen de caminar a cuatro patas por falta de inclinación suficiente de la pendiente. Casos típicos como el Mont Blanc, el Aneto, el Monte Perdido, la Barre d'Escrins o el Gran Paradiso. No hablaremos de las precauciones a seguir en los glaciares, si los hay o si son peligrosos, porque este tema en si solo sería suficiente para un artículo.

Material:

Para comenzar hemos de recordar que nuestro material ha de ser el habitual de un alpinista. Casco, botas de alpinismo, crampones, arnés, paranieves (cortavientos), guantes, etc. Es decir, ir completamente equipados, pero prescindiendo de elementos destinados a la escalada de alta dificultad, como los piolets técnicos. Un piolet clásico de 50 a 60 centímetros será la opción adecuada. La hoja del piolet no será tipo banana. Los crampones clásicos, doce puntas articulados y con antizuecos. Nuestra cuerda no tiene que ser de 60 metros; 45 o menos metros serán más que suficientes. Esta cuerda será de 10,5 milímetros de diámetro para trabajar en simple. El ahorro de peso se produce en la elección de la longitud adecuada. Por debajo de este diámetro no será aconsejable para el uso que le pretendemos dar en este tipo de ascensiones. Otro tipo de material como tornillos de hielo o anclas de nieve, podría no ser necesario. El llevar este tipo de material estará en función de otros condicionantes como la presencia de terreno glaciar, la presencia de hielo y pendientes más pronunciadas. Eso sí, en caso de duda, un par de tornillos nunca pesan tanto como para dejarlos abajo.

Antes de salir "ahí afuera"

Antes de comenzar a progresar por la pendiente tendremos presente información tan importantes como la dureza de la nieve, la longitud de la pendiente y desnivel, su exposición respecto a la caída de rocas, su orientación. Ya se sabe que el comportamiento de la nieve varía mucho según las horas de exposición al sol; la presencia ausencia de cornisas, la cantidad de nieve acumulada fresca, si la hay, y el sempiterno parte meteorológico. Los alpinistas están durante muchas horas expuestos a las inclemencias meteorológicas y la previsión meteorológica nos ayudará en la toma de nuestras decisiones.

Metidos en faena:

Una vez conocemos toda esta información o gran parte de ella, nos prepararemos para la ascensión. Cuando nos encontremos de frente a la pendiente o al principio de ella hay que recordar lo siguiente. Una pendiente de nieve moderada tiene un peligro objetivo fuerte: es el deslizamiento en caso de producirse una caída. Las pendientes actúan como grandes toboganes y a medida que nos deslizamos iremos ganando velocidad y aumentando el riesgo de hacernos daño de considerable importancia. Como evitar esto, progresando con la técnica más adecuada y si es preciso encordados.

La técnica para progresar por este tipo de pendientes está basada en un buen equilibrio combinando el clavado del piolet y el movimiento de marcha de nuestros pies. Antes de comenzar a andar evaluaremos la dureza de la nieve; si nos lo pide, nos pondremos los crampones, y ante duda o desconfianza en nuestras posibilidades también nos los pondremos. A determinadas alturas, como son los 4000 metros, los crampones suelen ser nuestro compañeros inseparables que siempre irán en nuestros pies, independientemente del estado de la nieve, ya que siempre puede aparecer una placa de nieve dura o hielo no prevista.

Si progresamos sin crampones, porque la calidad de la nieve nos lo permite o tenemos un breve paso sobre nieve sin exposición objetiva, utilizaremos

fundamentalmente el canto de nuestra bota (foto 1 y foto 2). Para que un canto de la bota sea efectivo, esta tiene que ser bota especialmente diseñada para el alpinismo; no utilizaremos nunca botas de trekking como si fueran de alpinismo. Daremos los pasos de la siguiente manera: la bota más próxima a la pendiente hará huella con el canto exterior, y la bota más alejada de la pendiente (bota del lado del valle) hará huella con el canto interior. Procuraremos que la huella hecha esté lo más perpendicular posible a la pendiente, realizada de un solo golpe y con la bota lo más plana posible siempre. No caminaremos de forma natural; los pasos los haremos levantando los pies planos y golpeando la nieve con el canto, exterior o interior, pero con todo él a la vez. No habrá flexión en el pie (foto 3). Si se produce la flexión natural del pie tenderemos a romper la huella y en consecuencia a deslizarnos por pérdida de apoyo. La distancia entre cada huella ha de ser muy cómoda, incluso a una distancia menor a los pasos que damos caminando. Hay que evitar el desequilibrio o el realizar más fuerza de lo debido sobre la nieve, porque romperíamos la huella.

El cambio de dirección lo haremos de la siguiente manera: cuando lleguemos a un punto cómodo y con la menor exposición posible, haremos la huella con el canto interior de cada pie. Ahora estaremos en una posición un tanto extraña pero frecuente en ballet clásico (ver foto 4). A partir de este momento solo tenemos que girar nuestra cadera sobre el pie con la puntera de la bota apuntando a la nueva dirección que vamos a seguir y continuaremos nuestra ascensión. La secuencia quedaría así; canto exterior, canto interior, canto interior, cambio de dirección con giro de cadera y canto exterior. Esta secuencia es exactamente igual en una u otra dirección. El piolet será la herramienta que nos ayudará a mantener nuestra posición estable.

Toda esta progresión estará acompañada por el uso del piolet, el cual cambiaremos de mano según estemos situados en la pendiente. Es decir, el piolet lo llevaremos en la mano más próxima a la pendiente y no en la del valle; hay que ser ambidiestros. Para facilitar el cambio de mano del piolet lo utilizaremos sin dragonera; ojo, no se nos debe caer por el simple hecho de no llevar dragonera. Agarraremos el piolet por la cruz apoyando la palma de nuestra mano sobre el comienzo de la pala, y el pico mirando siempre en sentido de nuestra progresión (foto 5). Para la progresión sobre pendientes moderadas lo usaremos siempre en técnica piolet-bastón, clavando el regatón próximo a nuestro pie de la pendiente. En estas condiciones, el piolet nos ayudará a mantener el equilibrio y no demasiado a progresar, pues no se trata de apoyarse en exceso sobre él, sino que serán nuestras piernas las responsables de desplazarnos por la pendiente. En el momento del cambio de dirección, clavaremos enérgicamente el piolet ya con el pico mirando en la nueva dirección; esa es una situación de desequilibrio fácil y necesitamos un punto de apoyo sólido que sólo nos puede ofrecer el piolet.

En caso de ir encordados porque lo requiere la ascensión, riesgo de caída grave, rimaya en la proximidades, pendientes muy largas o simplemente precaución, etc... la cuestión se complica, pues ante la eventual caída de un compañero será muy difícil detener su deslizamiento sino actuamos con rapidez y le dejamos ganar unos metros deslizándose pendiente abajo, con la desagradable consecuencia de arrastrar a toda la cordada. Es un accidente bastante frecuente. Para ser más eficaces, la mejor forma es de encordarnos muy próximos y progresar en la pendiente muy juntos, tanto que podamos oír la respiración de nuestro compañero y oler su desodorante. Así pues, entre compañeros no debe haber más de dos pasos reales de separación. Entonces ¿qué haremos con la cuerda? Muy fácil: parte la llevaremos en bandolera sobre el pecho o interior de la mochila, unas pocas gazas en la mano el que va en cabeza y el resto sin gazas. Por ello no es muy recomendable que nuestra cuerda sea muy larga, si no necesitamos metros para la escalada. En algunos casos 20 metros son suficientes. Deberemos adquirir agilidad para dar y recoger cuerda cuando lo precisemos, como en el paso de resaltes de nieve más pronunciados, rimayas, pasos cortos de escalada, etc. Estas maniobras necesitan entrenamiento para no invertir mucho tiempo en su realización, hay que tenerlas muy claras y coordinadas entre todos los componentes de la cordada.

Para realizar un buen descenso en el tipo de pendientes que hemos hablado y sin necesidad de utilizar crampones, pisaremos con nuestra bota en la zona del talón dejando caer todo el peso de nuestro cuerpo sobre el pie que desciende. Con el fin de conseguir el mayor efecto posible sobre esta técnica, nos balancearemos con cada paso y llevaremos las piernas semiflexionadas con dos objetivos, acercar nuestro centro de gravedad a los pies y amortiguar el efecto de la bajada. Acompañaremos nuestro descenso con el piolet clavándolo a modo de bastón y el pico mirando hacia delante (foto 6). Nuestro torso se inclinará ligeramente hacia delante situando nuestro pecho a la altura de la punta de las botas, más o menos. Hay que practicar para llegar a tener sensación de postura de equilibrio. Muchos manuales aconsejan ir con el pico del piolet mirando hacia atrás pero, hablando con compañeros de faena y tras experiencias de enseñar las autodetenciones durante mucho tiempo y a muchos alpinistas, he llegado a la conclusión final de que el pico del piolet vaya siempre mirando hacia delante, ya que la herramienta resulta así más polivalente. Esta posición nos castigará los músculos de los muslos y nos obligará a balancearnos como un barco en el oleaje, pero es efectiva y eficaz.

Disfrutar de las largas y cómodas ascensiones en terreno alpino de baja y media dificultad, son una excelente escuela para la acumulación de experiencia y autoconfianza en nuestras posibilidades. Y ahora, a practicar.

José M. Pérez Prego

Detalles personales:

Director de la Escuela Española de Alta Montaña (EEAM) y Director de la s actividades de formación deportiva de la FEDME en el Centro de Benasque desde 1992.
Técnico de Escalada y Alta Montaña - Guía de Alta Montaña

 
 
 
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