Entrevista
a Máximo Henostroza, "debemos aprender
a aceptar que nuestra identidad nace en los Andes"
Por:
Aldo Arozena
Máximo
Henostroza ha estado en algunos de los lugares
más peligrosos del mundo y sin embargo,
al oírlo hablar, su voz no deja entrever
ni un gramo de soberbia. Para él subir
montañas –y bajar sano y salvo-
es el hecho más natural que existe. Con
dos ochomiles en su haber y muchísimas
ascensiones a lo largo del orbe y sobre todo
en su natal Cordillera Blanca, es mucho lo que
este ancashino de 49 años nos tiene que
decir. A parar las orejas.

En
el 2004 realizaste tu última visita a
un ochomil. Fue al Shisha Pangma haciendo cordada
con el estadounidense Marek Wencel. Antes de
hacer cumbre tuviste una experiencia límite
¿Qué fue lo que paso?
En uno de los intentos por hacer cumbre nos
quedamos atascados en medio de una tormenta
muy fuerte. Fueron 48 horas de convivir con
la sensación de que nos íbamos
a morir. Nos agarramos a todo lo que pudimos
pensando que la carpa no iba a resistir hasta
que por fin el tiempo se calmó un poco
y bajamos disparados. Nos salvamos de milagro.
La tentación de estar arriba en la cumbre
y ver que es posible lograr tu meta te hace
olvidar todo lo malo e intentarlo de nuevo.
Retrocedamos en el tiempo. Tu carrera
es increíble, has estado en el Himalaya
pero te iniciaste acompañando a tu padre
que era porteador ¿Qué te hizo
ir con él?
En principio fue por curiosidad. Cuando empecé
a acompañarlo nunca fue por trabajo.
Me iba con él cuando era muy joven. Tenia
unos 15 años y el dinero no me llamaba
la atención. Yo era de los alrededores
de Huaraz, de un caserío llamado Rivas,
a 3600 metros. Ahí nací y viví
hasta los 20 años.Mi primera ascensión
fue en el Huascarán y fue terrible. Acompañé
a mi padre que necesitó que alguien lo
ayude a subir a la cumbre. Me dio un dolor de
cabeza horrible estando arriba. Íbamos
llevando a un grupo suizo y tuve que decir que
no podía quedarme y bajé hasta
el campo base solo. Fue una locura porque no
sabía nada. Me pude caer en alguna grieta.
Fuiste a la universidad ¿Era
normal que un chico de un caserío, hijo
de porteadores y campesinos lo hiciera?
La universidad era algo más destinado
para los jóvenes de la ciudad pero yo
presioné. La idea de hacerse de una profesión,
de abrirse el panorama, viendo que mi padre
era porteador, me interesó. Yo no podía
decir que ser porteador sea muy bonito pues
es un trabajo muy duro donde tienes que cargar
hasta 50 kilos.
¿Qué te lleva a dar el paso para
ser guía profesional?
El hecho de estar en la universidad me dio la
oportunidad de tener una visión más
amplia de las cosas. Mi idea era salir un poco
de los estándares clásicos. Aprender
otros idiomas. Además me di cuenta que
el trabajo de guía de montaña
era una profesión bastante calificada
y rentable. Estudiaba ingeniería civil
y unos clientes me invitaron a un viaje a Austria
y pedí a las autoridades universitarias
que me adelantaran los exámenes. Se negaron
pero igual me fui. Luego entré a la Escuela
de Guías, pues yo era un guía
informal y los guías eran mis mejores
amigos y me decían que lo mejor era que
me presente a la escuela.
¿Qué experiencias en tu
vida te llevan a poseer ese sexto sentido para
poder descifrar la vía adecuada para
subir una montaña?
Creo que es el hecho del miedo y la desconfianza.
El hecho de tener miedo te da esa oportunidad
de estar atento. Siempre estás mirando,
intuyendo qué pasará más
allá. Ese es mi estilo, así soy
yo. Para mi lo importante es que hay que estar
seguro. Gracias a eso es que estoy vivo hasta
ahora.
¿Has perdido muchos amigos en la montaña?
Bastantes. Uno de los peores fue la perdida
de mi hermano en el Huascarán. La vida
de montaña es así. Estás
en el borde y es como si estuvieras sobre la
mismísima muerte. Tú estás
viendo que alguien escala 50 metros más
adelante. Pasan cinco minutos y ya nunca más
lo vuelves a ver. A veces uno piensa sobre esto
en el mismo momento. Cuando estaba en el Everest
veía grietas inmensas y era conciente
de la posibilidad de morir y te metes a la cabeza
que eso es algo que hay que aceptar. Un montañista
sabe por qué pone su pie ahí.
Yo estoy seguro que si mi compañero se
muere delante de mí tengo que seguir
adelante. A veces suena frío pero el
hecho de estar al filo te enseña a asumir
cosas. Algún día me pueda tocar.
En el 2001 llegaste a la cima del Everest
¿Ha sido el pico de tu carrera?
Como montañista sientes que el Everest
es una de las metas a la que deseas llegar.
Yo en ese momento fui muy feliz. Pensaba que
estaba en ese lugar, que era parte de una nación
de 27 millones de personas pero yo tenía
la suerte de estar ahí. Subí por
el lado nepalí, por la ruta clásica
del año 53 (1). La única parte
difícil fue la pared Lothse. Había
paredes de casi 90° grados al empezar. También
el famoso paso Hillary que es como un filo de
unos 40 metros. Estas en el borde con caídas
de dos mil metros hacia ambos lados. Vas con
cuerdas fijas, el problema es que uno está
cansado por la falta de oxígeno.
¿Subiste
el Everest con oxígeno?
Por norma de la agencia con la que fui (2) era
obligatorio. Era un problema pues la mascarilla
no deja ver bien ni tus pies y es como si caminaras
ciego obligándote a inclinarte y perder
equilibrio. Me lo sacaba porque era un estorbo.
Tienes el proyecto de unir a las culturas
andina y sherpa, ambas de montaña. Explícanos
un poco más sobre esto.
Yo pensaba esto como una forma de contribuir
a que los porteadores peruanos se pongan en
valor porque los nepalíes hacen negocio
con el nombre de sus sherpas. Ellos son un referente
en cualquier momento cuando se habla de los
Himalayas. De los porteadores andinos no se
sabe nada, no están tan alto en el escalafón
de los montañistas. Nadie se acuerda
de ellos y la idea es esa, que de alguna manera
sean considerados también dentro del
andinismo. Son héroes anónimos.
En el Perú no tenemos cultura
de montaña ¿Si no hubieras nacido
al pie de la Cordillera Blanca hubieras ido
a ella?
No creo. Lo veo en familiares que son de la
costa y no tienen interés en ir a la
montaña. Nuestros ancestros dominaron
las montañas pero después de la
conquista eso cambió. La montaña
se convirtió en un sitio solo de campesinos,
que más allá de eso no tiene ningún
valor.
Es
algo terrible. Es como si nos diéramos
la espalda a nosotros mismos
Un alemán me dijo que si el Perú
tuviera su propia identidad sería un
país con menos problemas. Así
nos ven los extranjeros. Nosotros mismos no
sabemos qué somos. Si descubrimos
nuestra propia identidad vamos a recordar que
ésta nace en los Andes.
¿Qué escaladas te han
marcado?
Una en el año 94 en el Yerupajá.
Subí con un grupo de coreanos por la
pared oeste. Es una ascensión de una
gran belleza pero también de alto riesgo.
Con cada movimiento parecía que se iba
a desprender todo y faltando poco para hacer
cumbre nos cayó una avalancha que nos
hizo caer a los que estábamos en la cordada.
No sé por qué motivo, ni cómo,
la cuerda se enredó con algo y nos quedamos
colgando en el medio de la pared. Pudo ser una
desgracia total pero fue un milagro.
¿Cómo va tu récord
de escaladas al Huascarán y Alpamayo?
El año pasado he ido dos veces al Alpamayo
con lo que haría 68. Al Huascarán
Sur no he podido ir pero al Norte fui dos veces
con lo que sumo 55 en las dos cumbres en conjunto.
He escalado más el Huascarán Sur
pero hace tres años no se va por motivos
de seguridad pues se cayó una parte del
glaciar. Eso por supuesto es momentáneo.
Toda montaña está siempre cambiando.
Tienes una invitación para visitar
nuevamente un ocho mil
Sí, es una invitación de un grupo
lituano para ir al Broad Peak (3). Los conocí
estando en el Shisha Pangma. Vinieron al Perú
a escalar y la amistad se afianzó hasta
el punto de que el año pasado me hicieron
la invitación para escalar con ellos.
Voy como un miembro más del equipo y
por eso debo cubrir mis gastos. Sería
mi tercer ochomil y estoy buscando auspiciadores
para eso. Cuando estaba en el Himalaya todos
los escaladores tenían parches de sus
auspiciadores en la ropa. Yo era el único
que no tenía nada.
¿Cómo te sientes por el
escaso reconocimiento de tus logros? No solo
en tu caso sino también el de otros compañeros
Es un poco duro porque veo con un poco de decepción
cómo en Ecuador hay autoridades y empresas
que ayudan a los deportistas de montaña.
Acá por desgracia no se ha hecho nada.
Creo que nos ha faltado a los propios guías
promocionarnos más. Perú cuenta
con un gran potencial para el montañismo
pero falta promoción. Por ejemplo en
Nepal le mostraba a los sherpas una foto del
Huascarán y ellos no podían creer
que esas montañas tan inmensas y difíciles
podían existir en el Perú. Por
ejemplo el Everest por la ruta normal no es
tan difícil, pero el Alpamayo es mucho
más técnico. Y los propios sherpas
me decían que a ellos les costaría
escalar un nevado así. Ellos han subido
muchas veces al Everest pero técnicamente
no están al nivel de los guías
peruanos. Lo mismo pasa con el Aconcagua. Es
más alto pero se llega caminando, es
como un paseo. El Huascarán y otras montañas
en el Perú no son así.
(1) La ruta de la primera ascensión realizada
por Edmund Hillary y Tensing Norgay en 1953.
(2) Internacional Mountain Guides. Una de las
agencias más importantes a nivel mundial
(3) 8047 metros. Escalada por primera vez en
1955
Fuente: http://viajerosperu.grupoviajeros.com/