Las
cordilleras andinas también sufren la
recesión glacial, palpable en la pérdida
de dos metros de nieve cada año, lo que
provoca continuos cambios en la fisonomía
de las montañas, sus aproximaciones y,
consiguientemente, en la forma de afrontarlas.
Grandes masas de seracs (bloques de nieve compacta)
se desprenden de algunas montañas. Las
lluvias por encima de los 4,500 m.s.n.m suelen
ser en forma de nieve. En términos generales,
la nieve andina se adhiere muy bien en pendientes
muy fuertes, y suele formar cornisas en las
aristas cercanas a la cumbre a sotavento (zona
opuesta a la procedencia del viento). Excepcionalmente
se puede encontrar cornisas a ambos lados de
una arista. Otra de las características
de esta región es la formación
de paredes nevadas de estructura escalonada
o acanalada.
Por
estar ubicadas en el hemisferio sur, las consecuencias
derivadas de la orientación de las diferentes
caras de las montañas cambian respecto
de las de la región septentrional:
Caras
Norte:
Son las más soleadas. Se encuentra nieve
y hielo transformados por la acción del
sol y el frío. En estas caras se encuentra
la mejor nieve para escalar.
Caras
Sur:
La nieve no se suele transformar debido a la
poca insolación y a que las temperaturas
se mantienen generalmente por debajo de 0º
C. Presentan abundancia de nieve blanda al principio
de la temporada seca (mayo a septiembre).
Caras
Este y Oeste:
La nieve presenta una mezcla de ambos estados.
Es muy común que, al desplazarse por
una arista con orientación al este u
oeste, se encuentren cambios radicales en el
estado de la nieve.