| Nevado
Huascarán 6.768 m. |
Miércoles
3
El
campamento de los ecuatorianos se encontraba
a unos 200 m del nuestro, sobre el collado.
El gran día había llegado. Nos
levantamos muy temprano y preparamos el desayuno.
Sólo llevaríamos mochilas de ataque
con lo necesario, un par de estacas, agua y
algo de comida. Este tramo era el más
importante para nosotros, pues significaba lograr
el objetivo por el cual estábamos en
la montaña. La ansiedad nos embargaba.
Nuestras cordadas avanzaban junto a las cordadas
de los ecuatorianos, éramos 10 montañeros
en cuatro cordadas los que intentábamos
lograr hacer cumbre. Poco a poco fuimos ganando
altura, cruzando algunas grietas.
Ahora
el camino era subir pendientes tras pendientes,
hasta que llegamos a una gran grieta en la fuerte
pendiente que dificultaba el paso, pues tendría
unos 5 metros de separación entre el
borde inferior y el superior. Los dos grupos
nos juntamos para poder superarlo. Tuvieron
que levantar a un integrante del equipo ecuatoriano,
quien usando sus dos piolets poco a poco logró
llegar a una estaca y colocar la cuerda. Luego
uno a uno fuimos subiendo por la cuerda usando
los Jumars (dispositivos que sirven para ascender
por una cuerda fija) una para cada mano. Este
era el tramo más complicado de todo el
recorrido, una vez que todos pasamos, nos quedaba
sólo una hora y media hacia la cumbre.
Seguimos
avanzando, el sol comenzaba a calentarnos, hicimos
un alto para tomar un poco de agua, era una
moderada pendiente, al fondo se mostraba una
pequeña grieta. Con los guantes puestos
traté de sacar los lentes de su estuche,
cuando de pronto se me cae de las manos y resbala
lentamente hacia la grieta, trate de asirlo
pero no pude llegar a tiempo, la grieta se lo
trago. ¿Ahora que? Me dije, el reflejo
de los rayos solares sobre el hielo me quemará
la retina. Pregunté si alguien tenía
lentes de repuesto... nadie, la otra cordada
me dijo que tendría que sacrificar la
cumbre y regresar al campo 2, pues si seguía
podía quedarme ciego, eso lo sabía.
Le dije a Ryan que se uniera a la cordada de
Isaías, que yo regresaría al campo
2, él me dijo que continuáramos,
que estábamos tan cerca, que podríamos
lograrlo. El resto de cordadas continuaron por
el camino ascendente hacia la cumbre. Después
de pensar sobre alguna manera de cubrir mis
ojos del reflejo del sol sobre el hielo, me
dije que quizás si usaba mi gorro de
lana como una máscara sobre mi cara podría
seguir. Tapé mis ojos con el gorro de
lana; tenía la sensación de ser
un guerrero de la edad media, protegido con
una máscara que cubría todo mi
rostro, podía ver solo siluetas. Le dije
a Ryan que continuaríamos.
Cuando nos faltaba poco para llegar a la cumbre,
la cordada de Isaías, Carlos y Jesús
ya estaban de regreso, una cordada de los ecuatorianos
también había logrado llegar a
la cumbre. Seguía la silueta del último
de la otra cordada ecuatoriana, lo alcanzamos,
uno de los ecuatorianos me dijo que si quería
que lo adelantara, pero le dije que no, que
como sólo podía ver un poco lo
estaba siguiendo. Conforme nos íbamos
acercando a la cumbre la emoción era
cada vez más fuerte, hasta que llego
el momento en que el camino se terminó.
Ya
no había que subir más, estábamos
en la cumbre, habíamos logrado hacer
cumbre, nos abrazamos emocionados por estar
ahí, en el techo del Perú, era
una mezcla de emociones y sentimientos. Pensaba
en mi familia, en mis amigos, en mi pasión
por las montañas, por un momento me olvidé
de la situación por la que estaba pasando,
al no tener lentes y con el sol quemando con
fuerza. Nos tomamos una foto pues cuando me
quitaba el gorro de los ojos no podía
ver absolutamente nada, el reflejo del sol sobre
la nieve era demasiado fuerte.
Corría
un poco de viento, un pequeño manto de
nubes cubría los otros nevados, aquellos
que se encontraban debajo de nosotros, dificultando
un poco el poder distinguirlos. Queríamos
disfrutar un poco mas de este grandioso momento.
Fuimos los últimos en tomar el camino
de regreso al campo 2, íbamos muy despacio
pues como sólo veía siluetas nos
alejábamos cada vez mas del resto de
cordadas. Ryan me dijo que fuera un poco más
rápido, le dije que era imposible, pues
no veía nada. Me decía que los
demás pasarían la zona crítica
y nosotros lo tendríamos que hacer solos.
Al ir ahora el de primero, apuraba el paso,
me costaba mucho seguir su ritmo, me salía
del camino, tropezando a cada rato, las caídas
eran constantes, empezaba a embargarme un sentimiento
de impotencia y rabia, me dije que eso no era
bueno, que no podía perder la calma,
pues podía llevarnos a situaciones complicadas.
La única solución para poder ir
más rápido fue que él me
prestara sus lentes, le dije que se quemaría
la retina, me dijo que no le pasaría
nada, que lo importante ahora era alcanzar a
las cordadas que nos precedían. La advertencia
estaba hecha, apuramos el paso, logrando alcanzar
al resto de cordadas. Tuvimos que realizar dos
rápeles para pasar por la gran grieta.
Luego de una hora y media ya estábamos
de nuevo en el campo 2. Ryan me dijo que el
no cocinaría esa tarde pues le empezaba
a molestar la vista.
Preparé
sopa, le dije que su plato ya estaba servido,
pero la vista le molestaba demasiado, me dijo
que no comería nada esa noche, así
que solo tomé la sopa y una taza con
anís caliente. La vista se le había
inflamado demasiado, el dolor era cada vez más
intenso y cada vez veía menos. Hicimos
que se lavara los ojos con agua de manzanilla,
luego de un rato con agua de coca, colocándose
las hojas sobre los ojos, pero no había
señales de mejora. Mi preocupación
ahora era sobre como haríamos al día
siguiente para bajar hasta Musho, Ryan estaba
ciego y yo no tenia lentes de repuesto. Durante
toda la noche Ryan apenas pudo conciliar el
sueño, a cada rato se levantaba y quejaba
de la molestia que tenía en los ojos,
los cuales estaban totalmente inflamados.
Jueves
4 >>>