Domingo
2
Sonó
el despertador, al abrir la puerta de la carpa,
pude ver que estaba nevando y todas las montañas
se encontraban cubiertas de una capa de neblina.
Decimos esperar una hora, para ver como evolucionaba
el clima. Dieron las seis y se mantenía
igual, nos dimos otra hora mas de espera, siete
de la mañana y el clima había
mejorado un poco. Pero el Huarapasca seguía
cubierto por la neblina, le dije a Edgar que
si no salíamos antes de las ocho de la
mañana, ya no iríamos y tendríamos
que regresar. Preparamos el desayuno, nos colocamos
el equipo y cuando dieron las ocho en punto,
empezamos a movernos camino al nevado.
Caía
una suave nevada, seguimos el curso de un arroyo
que corría por el lado izquierdo del
campamento, ganábamos altura hasta que
llegamos a un tramo, donde tuvimos que escalar
un pequeño obstáculo, la dificultad
estaba en la roca mojada, que reventaba cuando
cogiamos los agarres para progresar, pero finalmente
pudimos pasarlo. Llegamos a la morrena en media
hora, frente a nosotros apareció una
fuerte pendiente de hielo y pequeñas
piedras adheridas a ella. Nos colocamos los
crampones, encordándonos luego, yo iría
de primero.
Por
momentos aparecían los rayos solares,
me quite la parca, iría solo con la casaca
polar, nos pusimos los lentes de montaña
y empezamos el ascenso. La pendiente carente
de nieve dificultaba el ascenso, poco a poco
fuimos avanzando, hasta que llegamos a la primera
grieta de las muchas que encontraríamos
ese día. Lo bordeamos por el lado izquierdo,
siguiendo una línea horizontal, con el
máximo cuidado, pues había el
riesgo a resbalarse o que el hielo se fracturara.
Luego seguimos la dirección de una pequeña
arista. Giramos luego a la derecha, bordeando
un gran bloque de roca a cuyos pies se abrían
dos grietas, trazamos una gran ese hasta salir
por detrás.
Nos
encontramos en el inicio de la canaleta, una
fuerte pendiente con poca nieve y bordeado de
grietas, daba la sensación de que al
final de ella se llegaba al collado. Empezamos
a subirla, conforme avanzábamos esta
se volvía mas empinada, hasta que llego
el momento de tener que usar los piolets en
ambas manos y las puntas de los crampones para
progresar. Pues era muy difícil poner
toda la planta de las botas al momento de pisar.
Cuando parecía que ya estábamos
por llegar al final de esta pendiente, veo que
lo que parecía el collado era en realidad
la boca de una gran grieta transversal, que
cortaba todo posible paso.
Llego
Edgar, parecía imposible continuar, pero
pudimos ver que un desprendimiento de nieve
formaba un pequeño puente por el centro,
no sabíamos si seria muy resistente o
no. Le digo a Edgar que armare un sistema y
que el tendrá que ir de primero y probar
la resistencia del puente. Cave una surco en
forma de T en la nieve, coloque una estaca en
posición horizontal con una cinta al
centro y en el extremo un mosquetón de
seguridad, luego lo cubrí con nieve,
probamos su resistencia. Edgar destrepo un metro
y medio hasta llegar al inicio del puente, conforme
avanzaba le daba cuerda. Avanzo un metro, luego
otro y otro, el puente soportaba su peso, finalmente
logro cruzarlo. Fueron mas de 10 metros en diagonal
lo que él ando, ahora era mi turno de
cruzarlo, desarme el sistema, Edgar tenia que
asegurarme ahora.
Otra
fuerte pendiente nos esperaba, esta era más
empinada que la anterior, y también llegaba
al borde una grieta transversal, giramos a la
izquierda siguiendo una línea horizontal,
5 metros y a cruzar un puente de hielo. Ahora
ya no iríamos siguiendo una línea
recta hacia arriba, sino en diagonal por una
ladera menos empinada, pero sorteando múltiples
grieta, trazamos un sendero en ese, volvimos
a cruzar otro puente de hielo, ya estábamos
cerca del collado:
Teníamos
dos opciones para llegar a la cumbre, uno era
ir por el lado izquierdo trazando una gran diagonal,
pero debajo de unos seracs y el otro era seguir
una línea recta hacia arriba, subiendo
por una fuerte pendiente, mas corto pero seguro.
Nos tomo media hora mas de esfuerzo, cuando
el reloj marcaba las 12:30 pm estaba llegando
a la cumbre, no tenia nieve, era solo una hilera
de rocas, desde ahí se podía ver
el otro lado de la montaña. Nos invadió
una inmensa alegría el estar ahí,
pues cuatro horas antes, teníamos la
sensación de tener que dejarlo por el
mal clima.
Pero
pudimos lograrlo, habíamos ganado esta
vez, el estar ahí compensaba el esfuerzo
de abrir huella, de buscar el mejor camino a
seguir y sobre todo ir venciendo las dificultades
que la montaña nos iba poniendo conforme
avanzábamos. Estuvimos media hora en
la cumbre, hasta que llego el momento de volver.
Pensé cambiar de ruta para bajar, pero
finalmente decidimos volver por donde habíamos
subido. Dos horas y media después estábamos
nuevamente en el campamento.
Lo
desmontamos lo mas rápido que pudimos,
empezaba a caer una pequeña nevada, cuando
dieron las 04:30 pm empezamos a caminar hacia
la carretera, al lugar donde el día anterior
nos había dejado el bus. Teníamos
la esperanza de conseguir alcanzar alguno que
retornaba a Huaraz luego de visitar Pastoruri.
Cuando estaba cerca vi pasar un auto y una combi,
Edgar avanzaba lento, estaba 10 minutos tras
mío. Cuando llegue a la carretera paso
el último bus que retornaba a Huaraz.
No me quedo mas remedio que verlo alejarse carretera
abajo, Edgar aun no llegaba.
Cuando
lo hizo eran las 5:20 pm, le dije que lo más
probable era tener que andar 30 largos kilómetros
hasta Pachacoto, poblado que se encuentra en
el cruce de carreteras que van a Huaraz y Pastoruri,
o quedarnos y buscar un lugar para pasar la
noche. Mi intención era tratar de llegar
a Huaraz por la noche y disfrutar de la fiesta
del Señor de la Soledad. Esa noche solo
pudimos llegar hasta el control de ingreso al
parque nacional, caminamos 18 kilómetros
en 4 horas y media. Serian mas de las 10:00
pm cuando empezamos a instalar el campamento,
en el control no había nadie, al igual
que en el control de los comuneros, solo un
perro nos hacia compañía.
Lunes
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