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Nevado Huamashraju 5.374 m.

Viernes 02:

03:00 am hora de levantar a mis compañeros, como siempre ocurre cuando estoy en la montaña solo pude dormir a pequeños intervalos, quizás esperando que pasen las horas para empezar la actividad principal, movía las carpas para que mis amigos dejaran la modorra y despertaran de una vez, encendí la cocinilla y puse a calentar agua para desayunar, a esa hora se imaginan 3:30 am, el movimiento en el campamento se había intensificado, no hacia demasiado frío y hasta Luisa estaba fuera de la carpa preparando una mazamorra. El soldado Ryan seguía en su carpa, le pregunté a Sergio porqué demoraba en salir me dijo que el soldado no iría, tenia fiebre, el andar como una liebre brincando por las rocas el día anterior calzado sólo con sus ojotas le había caído mal, una baja no pensada, nos apenaba la ausencia del soldado Ryan pero había que continuar.

04:10 am alumbrándonos con los frontales empezamos a buscar el camino que nos llevaría hasta el campo morrena, un pequeño árbol era la única referencia para poder orientarnos sobre las grandes rocas, fuimos ganando altura siguiendo uno que otro pequeño hito que señalizaba el incierto camino, fue amaneciendo y con ello nuestro avance se hizo más rápido, llegamos al campo morrena (4,850 m.s.n.m) aproximadamente a las 06:20 am, veíamos cada vez mas cerca al Huamashraju, en un alto al sacarme el polar casi pierdo el frontal, me di cuenta de ello cuando guardaba las cosas en la mochila, el campo morrena es una pequeña planicie rodeada de cerros, con algunas partes anegadas y pequeños ojos de agua, dimos un rodeo para poder cruzarlo y continuamos por la quebrada, ahora teníamos que ascender la montaña por un sendero de rocas y piedras sueltas, eran 200 metros aproximadamente de fuerte pendiente que nos tomó casi dos horas de ascenso poder superarlo.

Los primeros mantos de nieve sobre las rocas nos indicaban que el glaciar se encontraba cerca, los cruzamos sin calzarnos los crampones pues la nieve estaba consistente facilitando la progresión, cuando llegamos a la entrada del glaciar nos colocamos los crampones y escarpines, al notar que casi todo el camino a seguir hacia la cumbre era ascender por fuertes pendientes de 60° – 70° y que la nieve estaba compacta, tomamos la decisión de ir sin encordarnos, Sergio abriría huella. Conforme ascendíamos el paso se hacia más lento, seguíamos por el lado derecho de la montaña, paralelo a la arista de ese lado, hasta que llegamos a un pequeño collado, en ese lugar dejaríamos las mochilas llevando sólo lo necesario para realizar el ataque final, calculábamos dos largos de cuerda hasta la cumbre, la pendiente de unos 65° formaba un triángulo con dos lados bien definidos uno de nieve, el izquierdo la cumbre, y el lado derecho, de rocas con pequeños mantos de nieve, nosotros atacaríamos por el centro ligeramente orientados hacia la arista derecha.

Ahora me tocó ir de primero, el primer largo lo superamos con relativa facilidad, en la pendiente construí una pequeña repisa mientras llegaba Sergio, acordamos que él aseguraría en la reunión mientras yo intentaría legar a la cumbre, el sistema lo construimos con dos piolets y una estaca enterrada horizontalmente en la nieve, llegó Edgar y se aseguró con su piolet, cuando iniciaba el último largo llegó Carmen a la reunión y se ubicó en la repisa que yo había abandonado, poco a poco fui acercándome a la cumbre que se veía más cerca  conforme ascendía, cuando de pronto lo que parecía una pequeña grieta se transformó en una gran grieta que cortaba el paso a la cumbre, en medio había un pequeño puente de medio metro de ancho por uno de largo, hundí el piolet para probar su resistencia, pero este parecía de mantequilla y no hielo sólido, el piolet lo atravesó con facilidad, hubiera podido saltarlo pero la fuerte pendiente 65° imposibilitaba el hacerlo, traté de encontrar un camino por la arista izquierda, pero la grieta se ensanchaba muchísimo más de forma peligrosa, intenté ir a la arista derecha.

Seguí paralelo a la grieta, en la reunión mis compañeros seguían mis movimientos con atención, sentía la tensión del momento en el aire, poco a poco me fui acercando a la arista rocosa, unos 4 metros debajo de mí podía verse una vieja cinta abandonada por alguna cordada, quizás en alguna forzada retirada, el hielo iba paralelo a la arista rocosa con una separación de 30 cm., no podía verse el fondo de la grieta, intentaría subir por la roca. Estaba examinando el posible camino a seguir, la gran roca presentaba una pequeña fisura y su arista estaba un poco filosa, cuando de pronto, el hielo sobre el que estaba parado cedió, metí la mano izquierda en la fisura, parte de la piel del dedo meñique fue arrancada al detener la caída, el pie derecho también actuó como cuña al empotrarse entre la roca y el hielo, Sergio lanzó una imprecación, me tomó unos minutos volver a recuperar el aliento y la calma, el dedo sangraba y me dolía un poco.

Logré escalar la roca, me senté un momento a descansar y evaluar la situación, la roca de unos 3 metros era parte de la arista que se unía a una pequeña canaleta rocosa de unos 4 metros de largo cubierto de una fina capa de nieve salpicado de pequeñas piedras y 70° de inclinación, no había agarres ni fisuras en la roca, cuando intenté avanzar por esta canaleta cedió la nieve arrancado una de las pequeñas piedras que fue dando botes hacia el vació, por que este lado también era demasiado expuesto, la cumbre estaba a unos 30 metros esperando ser coronada, la tentación era muy grande. Carmen y Sergio me preguntaron si en el lugar donde estaba era posible armar una reunión, les dije que no, que en la roca era imposible y el hielo estaba muy inestable, al ver que estaba bloqueado el camino hacia la cumbre, la única opción que nos quedaba era abortar el intento de coronarlo, me tomó media hora volver a la reunión, descender de la roca al hielo fue muy tenso, por que si golpea con fuerza al caer sobre el hielo este podría volver a quebrarse y caería en la profunda grieta.

El desánimo en la reunión era muy grande nuestros rostros no podían ocultarlo, una y otra vez mirábamos la cumbre tratando de encontrar un posible camino pero éste no aparecía, el tiempo transcurría inexorablemente, Edgar se encordó fue el primero en abandonar la reunión, luego Carmen, Sergio fue el penúltimo, una vez que llegó cerca al pequeño collado armaría una nueva reunión desde donde aseguraría mi descenso, le dije adiós a la cumbre, no podía perder la concentración, nos faltaba completar la otra mitad del recorrido, el retorno, este tramo lo descendimos de espaldas al vacío usando las punteras de los crampones y las dos manos aferrando los piolets enterrados sobre la fuerte pendiente de nieve.

En el collado recogimos las mochilas, tomamos las últimas fotos al nevado, comimos algo para reponer nuestras energías, llamamos al campo base para informarles a nuestros amigos que abandonamos el intento de cumbre y regresábamos. Nuevamente me tocó ir de primero en el descenso,  la nieve había perdido la consistencia inicial por el transcurrir de las horas, las caídas producto del hundimiento hasta las rodillas en las pisadas era constante, las fuertes pendientes nos obligaban a destreparlas de espaldas al vacío, cuando levantábamos la vista para ver la pendiente, la huella que íbamos dejando parecían escaleras con peldaños negros sobre la blanca nieve, demoramos casi dos horas en salir del glaciar, una vez en la morrena nos quitamos los crampones y escarpines, el último trecho había sido demasiado pesado por los tramos mixtos de roca y nieve fofa.

Salimos de la morrena cansados por la fuerte pendiente, llena de piedras inestables que a cada paso que dábamos cedían, demorando  el descenso, llegamos al campo morrena aproximadamente a las 14:30 pm, el camino era ahora un buen sendero que facilitaba nuestro andar, pero ya sentíamos los estragos del esfuerzo desplegado, pasamos bordeando una grande y hermosa laguna (Azulcocha 4,600 m.s.n.m) según los lugareños llena de truchas. Cuando llegamos al campo base, Luisa nos esperaba con unos deliciosos tallarines rojos y abundante refresco, empezaban a caer pequeñas gotas de lluvia, quizás el cielo también demostraba su pena hacia nosotros, Luisa nos comentó que había llovido y granizado en el campo base, el soldado Ryan se encontraba mucho mejor, la fiebre había desaparecido, estuvimos comiendo y conversando hasta las 08:00 pm, hora en que nos metimos a nuestras respectivas carpas a descansar.

Sábado 03>>>

   
   
 
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