Viernes
02:
03:00 am hora de levantar a mis compañeros,
como siempre ocurre cuando estoy en la montaña
solo pude dormir a pequeños intervalos, quizás
esperando que pasen las horas para empezar
la actividad principal, movía las carpas para
que mis amigos dejaran la modorra y despertaran
de una vez, encendí la cocinilla y puse a
calentar agua para desayunar, a esa hora se
imaginan 3:30 am, el movimiento en el campam
ento
se había intensificado, no hacia demasiado
frío y hasta Luisa estaba fuera de la carpa
preparando una mazamorra. El soldado Ryan
seguía en su carpa, le pregunté a Sergio porqué
demoraba en salir me dijo que el soldado no
iría, tenia fiebre, el andar como una liebre
brincando por las rocas el día anterior calzado
sólo con sus ojotas le había caído mal, una
baja no pensada, nos apenaba la ausencia del
soldado Ryan pero había que continuar.
04:10 am alumbrándonos con los frontales
empezamos a buscar el camino que nos llevaría
hasta el campo morrena, un pequeño árbol era
la única referencia para poder orientarnos
sobre las grandes rocas, fuimos ganando altura
siguiendo uno que otro pequeño hito que señalizaba
el incierto camino, fue amaneciendo y con
ello nuestro avance se hizo más rápido, llegamos
al campo morrena (4,850 m.s.n.m) aproximadamente
a las 06:20 am, veíamos cada vez mas cerca
al Huamashraju, en un alto al sacarme el polar
casi pierdo el frontal, me di cuenta de ello
cuando guardaba las cosas en la mochila, el
campo morrena es una pequeña planicie rodeada
de cerros, con algunas partes anegadas y pequeños
ojos de agua, dimos un rodeo para poder cruzarlo
y continuamos por la quebrada, ahora teníamos
que ascender la montaña por un sendero de
rocas y piedras sueltas, eran 200 metros aproximadamente
de fuerte pendiente que nos tomó casi dos
horas de ascenso poder superarlo.
Los primeros mantos de nieve sobre
las rocas nos indicaban que el glaciar se
encontraba cerca, los cruzamos sin calzarnos
los crampones pues la nieve estaba consistente
facilitando la progresión, cuando llegamos
a la entrada del glaciar nos colocamos los
crampones y escarpines, al notar que casi
todo el camino a seguir hacia la cumbre era
ascender por fuertes pendientes de 60° – 70°
y que la nieve estaba compacta, tomamos la
decisión de ir sin encordarnos, Sergio abriría
huella. Conforme ascendíamos el paso se hacia
más lento, seguíamos por el lado derecho de
la montaña, paralelo a la arista de ese lado,
hasta que llegamos a un pequeño collado, en
ese lugar dejaríamos las mochilas llevando
sólo lo necesario para realizar el ataque
final, calculábamos dos largos de cuerda hasta
la cumbre, la pendiente de unos 65° formaba
un triángulo con dos lados bien definidos
uno de nieve, el izquierdo la cumbre, y el
lado derecho, de rocas con pequeños mantos
de nieve, nosotros atacaríamos por el centro
ligeramente orientados hacia la arista derecha.
Ahora me tocó ir de primero, el primer
largo lo superamos con relativa facilidad,
en la pendiente construí una pequeña repisa
mientras llegaba Sergio, acordamos que él
aseguraría en la reunión mientras yo intentaría
legar a la cumbre, el sistema lo construimos
con dos piolets y una estaca enterrada horizontalmente
en la nieve, llegó Edgar y se aseguró con
su piolet, cuando iniciaba el último largo
llegó Carmen a la reunión y se ubicó en la
repisa que yo había abandonado, poco a poco
fui acercándome a la cumbre que se veía más
cerca
conforme ascendía, c
uando
de pronto lo que parecía una pequeña grieta
se transformó en una gran grieta que cortaba
el paso a la cumbre, en medio había un pequeño
puente de medio metro de ancho por uno de
largo, hundí el piolet para probar su resistencia,
pero este parecía de mantequilla y no hielo
sólido, el piolet lo atravesó con facilidad,
hubiera podido saltarlo pero la fuerte pendiente
65° imposibilitaba el hacerlo, traté de encontrar
un camino por la arista izquierda, pero la
grieta se ensanchaba muchísimo más de forma
peligrosa, intenté ir a la arista derecha.
Seguí paralelo a la grieta, en la reunión
mis compañeros seguían mis movimientos con
atención, sentía la tensión del momento en
el aire, poco a poco me fui acercando a la
arista rocosa, unos 4 metros debajo de mí
podía verse una vieja cinta abandonada por
alguna cordada, quizás en alguna forzada retirada,
el hielo iba paralelo a
la arista rocosa con una separación de 30
cm., no podía verse el fondo de la grieta,
intentaría subir por la roca. Estaba examinando
el posible camino a seguir, la gran roca presentaba
una pequeña fisura y su arista estaba un poco
filosa, cuando de pronto, el hielo sobre el
que estaba parado cedió, metí la mano izquierda
en la fisura, parte de la piel del dedo meñique
fue arrancada al detener la caída, el pie
derecho también actuó como cuña al empotrarse
entre la roca y el hielo, Sergio lanzó una
imprecación, me tomó unos minutos volver a
recuperar el aliento y la calma, el dedo sangraba
y me dolía un poco.
Logré escalar la roca, me senté un
momento a descansar y evaluar la situación,
la roca de unos 3 metros era parte de la arista
que se unía a una pequeña canaleta rocosa
de unos 4 metros de largo cubierto de una
fina capa de nieve salpicado de pequeñas piedras
y 70° de inclinación, no había agarres ni
fisuras en la roca, cuando intenté avanzar
por esta canaleta cedió la nieve arrancado
una de las pequeñas piedras que fue dando
botes hacia el vació, por que este lado tambié
n
era demasiado expuesto, la cumbre estaba a
unos 30 metros esperando ser coronada, la
tentación era muy grande. Carmen y Sergio
me preguntaron si en el lugar donde estaba
era posible armar una reunión, les dije que
no, que en la roca era imposible y el hielo
estaba muy inestable, al ver que estaba bloqueado
el camino hacia la cumbre, la única opción
que nos quedaba era abortar el intento de
coronarlo, me tomó media hora volver a la
reunión, descender de la roca al hielo fue
muy tenso, por que si golpea con fuerza al
caer sobre el hielo este podría volver a quebrarse
y caería en la profunda grieta.
El desánimo en la reunión era muy grande
nuestros rostros no podían ocultarlo, una
y otra vez mirábamos la cumbre tratando de
encontrar un posible camino pero éste no aparecía,
el tiempo transcurría inexorablemente, Edgar
se encordó fue el primero en abandonar la
reunión, luego Carmen, Sergio fue el penúltimo,
una vez que llegó cerca al pequeño collado
armaría una nueva reunión desde donde aseguraría
mi descenso, le dije adiós a la cumbre, no
podía perder la concentración, nos faltaba
completar la otra mitad del recorrido, el
retorno, este tramo lo descendimos de espaldas
al vacío usando las punteras de los crampones
y las dos manos aferrando los piolets enterrados
sobre la fuerte pendiente de nieve.
En el collado recogimos las mochilas,
tomamos las últimas fotos al nevado, comimos
algo para reponer nuestras energías, llamamos
al campo base para informarles a nuestros
amigos que abandonamos el intento de cumbre
y regresábamos. Nuevamente me tocó ir de primero
en el descenso,
la nieve había perdido la consistencia
inicial por el transcurrir de las horas, las
caídas producto del hundimiento hasta las
rodillas en las pisadas era constante, las
fuertes pendientes nos obligaban a destreparlas
de espaldas al vacío, cuando levantábamos
la vista para ver la pendiente, la huella
que íbamos dejando parecían escaleras con
peldaños negros sobre la blanca nieve, demoramos
casi dos horas en salir del glaciar, una vez
en la morrena nos quitamos los crampones y
escarpines, el último trecho había sido demasiado
pesado por los tramos mixtos de roca y nieve
fofa.
Salimos de la morrena cansados por
la fuerte pendiente, llena de piedras inestables
que a cada paso que dábamos cedían, demorando
el descenso, llegamos al campo morrena
aproximadamente a las 14:30 pm, el camino
era ahora un buen sendero que facilitaba nuestro
andar, pero ya sentíamos los estragos del
esfuerzo desplegado, pasamos bordeando una
grande y hermosa laguna (Azulcocha 4,600 m.s.n.m)
según los lugareños llena de truchas. Cuando
llegamos al campo base, Luisa nos esperaba
con unos deliciosos tallarines rojos y abundante
refresco, empezaban a caer pequeñas gotas
de lluvia, quizás el cielo también demostraba
su pena hacia nosotros, Luisa nos comentó
que había llovido y granizado en el campo
base, el soldado Ryan se encontraba mucho
mejor, la fiebre había desaparecido, estuvimos
comiendo y conversando hasta las 08:00 pm,
hora en que nos metimos a nuestras respectivas
carpas a descansar.