| Alimentación
en actividades de montaña |

Nosotros
sabemos que el éxito de las actividades
de larga duración depende en gran medida
del aporte energético. Por sus características,
la montaña es un medio que, de entrada,
va a elevar los requerimientos energéticos
del organismo humano. Pero este esfuerzo adicional
inherente no debe hacernos caer en el error de
pensar que bastara con alimentarnos a tope durante
la actividad. Necesitamos estar bien alimentados
durante la semana para después rendir lo
que queremos el fin de semana (si es que se trata
de salir sábados y domingos con cierta
regularidad), o bien nutridos por regla general,
ante salidas de mayor envergadura.
FUENTES
Y RESERVAS ENERGETICAS
Los
alimentos están constituidos por una serie
de sustancias, todas ellas necesarias para satisfacer
nuestras necesidades. Estas sustancias suelen
agruparse en seis grandes grupos de los llamados
nutrientes: hidratos de carbono, grasas, proteínas,
sales minerales, vitaminas y agua. Al margen de
estos nutrientes, cabe destacar la fibra alimenticia,
favorecedora de la función intestinal (evita,
entre otra cosas, el estreñimiento). Todos
ellos ejercen sobre nuestro organismo tres funciones
básicas:
Energética:
imprescindible para la realización de
las funciones vitales, así como para
el desarrollo del trabajo muscular.
Plástica: encargada
de reponer la perdida de sólidos o líquidos.
Protectora:necesaria para
el normal funcionamiento del metabolismo celular,
y mecanismos de defensa del organismo.
Los
nutrientes energéticos, también
llamados principios inmediatos, son:
Hidratos
de carbono, de asimilación rápida
(se transforma en energía al cabo de
unos minutos, una vez ingeridos) o de asimilación
media – lenta.
Grasas, de origen vegetal o
animal
Proteínas, con el mismo
doble origen, contienen casi todos los aminoácidos
esenciales para el organismo.
La
función plástica o constructora
también es responsabilidad de las proteínas
(crecimiento y renovación de los tejidos),
sales minerales (formación de huesos. Dientes,
etc.) y el agua, esencial para el mantenimiento
de la vida, y presente en un 65% del peso total
de una persona adulta.
Para
terminar con las funciones de los nutrientes,
son fundamentales las vitaminas y las sales minerales,
las que se ocupan de las tareas protectoras.
LA
DIETA ADECUADA
Ningún
Alimento o grupo de ellos contiene todos los nutrientes
precisos para un óptimo funcionamiento
orgánico. Se requiere un espectro alimentario
amplio para garantizar de forma suficiente la
obtención de todas las sustancias que necesitamos.
Si tenemos alguna carencia alimentaria, el organismo
podrá superarla si no exagerada, pero una
cosa quedara evidente: nuestra actividad física
en montaña no rendirá al 100%, especialmente
si vamos a practicarla de una forma más
o menos asidua.
A
titulo orientativo y muy genérico, ya que
cada persona en si misma es un mundo muy complejo,
las proporciones más recomendadas en lo
que a nutrientes respecta son:
Proteínas:
10 – 15%
Grasas: 30 – 35%
Hidratos de carbono: 50 – 60%
Podríamos
llamar una dieta equilibrada a consumir alimentos
en estas proporciones. La necesidad de sales minerales
y vitaminas vendría implícita en
los distintos grupos de alimentos que se han de
considerar.
Por
ejemplo, se lograría con:
Frutas
y verduras : 50% (fibra, vitaminas y sales minerales)
Pan y cereales : 20% (hidratos de carbono)
Lácteos : 20% (calcio, proteínas
y vitaminas)
Carnes, pescados o huevos : 10% (proteínas,
vitaminas y sales minerales)
ANTES,
DURANTE Y DESPUES
En
caso de tener que prepararse para una actividad
intensa en lo que a horas de duración se
refiere, es recomendable obtener el día
anterior un incremento no exagerado de la proporción
de hidratos de carbono, en detrimento de las grasas,
a fin de garantizar que el deposito de glicógeno
este bien lleno.
Incluso
en la montaña, el tiempo que vamos a dedicar
a comer deberá siempre estar asociado con
una sensación agradable, ya que es también
el momento de satisfacer el sentido del gusto.
Los alimentos que tomemos han de despertar pues
nuestro apetito y agradar al paladar.
Por
regla general, estamos acostumbrados a comer tres
veces al día. En el caso que nos ocupa,
haremos solo dos comidas importantes: el desayuno
y la cena, complementadas con una merienda intermedio.
Para
actividades de una jornada de duración,
lo normal será desayunar y cenar en casa,
o al menos fuera de la actividad de montaña.
Hay que olvidarse de salir de casa con un exiguo
café o similar en el estomago. Muy al contrario,
hay que desayunar de la forma mas completa posible,
una ligera merienda a media actividad y de nuevo
cenar bien.
DESAYUNO:
habrá de tener una buena dosis de hidratos
de carbono de fácil asimilación,
un poco de proteína y el mínimo
posible de grasa. Ejemplo: un par de piezas de
fruta o zumo, leche o queso y cereales. Con respecto
a los hidratos de carbono, también llamados
glucidos, la dextrosa es la que asimila nuestro
organismo a mayor velocidad, y después
la fructosa (el azúcar de las frutas)
CENA:
después de 4 – 5 horas de actividad,
podremos haber consumido mas de 3,000 calorías,
y hay que reponerlas (proteínas, grasa,
sales minerales,…)
La
merienda de mitad de jornada deberá estar
integrada por alimentos que pesen poco y alimenten
lo más posible a corto plazo (asimilación
rápida). Los auténticos “frutos
secos” como ciruelas secas, higos, pasas,
nueves, etc. Junto con algo de fruta pueden ir
muy bien. Sin embargo, las almendras, avellanas,
nueces, etc. Son semillas, ricas en grasas y difíciles
de digerir y asimilar a corto plazo. Se trata
de restituir aquello que mas de prisa hemos consumido,
por lo que la fruta seca o deshidratada cobra
especial importancia por su aporte en glucidos
(hidratos de carbono) y sales minerales. También
vienen muy bien las galletas saladas, caramelos
o las barritas de energéticas.
Para
actividades de varios días, es valido lo
anterior, aunque agregando nuevamente a la cena
hidratos de carbono de asimilación lenta
(pasta, arroz, etc,…) También en
este caso tenemos que comer caliente, ya que efectuar
todas nuestras comidas a base de bocaditos o latas
de conserva no resultara tan satisfactorio para
nuestro organismo, desde el punto de vista de
la demanda que nos exige la actividad física.
Una cocinilla será pues imprescindible,
a no ser que aprovechemos los servicios que puedan
brindarnos los lugareños o un refugio y
queramos ahorrar peso.
Una
de las sensaciones mas agradables que se tiene
en la montaña, es la de poder sentirse
autosuficiente: llevamos sobre nuestra espalda
todo lo que necesitamos, no solo para sobrevivir,
sino para estar lo mas cómodo posible.
La comida tiene mucho que ver en esta grata sensación
autosuficiente. Piensa bien lo que echas, no solo
busques lo que pesa poco y alimenta mucho, sino
también deleita tu paladar con aquello
que mas te puede apetece en un determinado momento
del día.
NECESIDADES
HIDRICAS
Los
expertos dicen que el hombre puede permanecer
cuatro veces mas tiempo sin comer que sin beber.
El agua se pierde mediante la respiración,
la orina, las heces y el sudor, acelerándose
estas perdidas en ambientes secos y calidos.
El
ejercicio físico provoca la eliminación
de agua y sales minerales principalmente a través
del sudor, cuya finalidad es termo – reguladora,
refrigerante del organismo. De lo contrario, este
se sobrecalentaría en exceso por la combustión
de nutrientes producida en los músculos.
La transpiración y pérdida de agua
es mas grande cuanto mayor sea la intensidad y
duración del mismo, así como el
calor y la humedad ambientales. Si la temperatura
fuera muy alta se puede llegar a perder hasta
3 litros de agua.
No
tener en cuenta estas pérdidas, nos puede
acarrear una deshidratación: perder entre
1.5 y 2 litros de agua sin reponerlos puede provocarnos
una clara sintomalogia:
• Fatiga
• Sensación de sed muy acusada
• Sensible disminución del rendimiento
físico
• Calambres
Por
encima de los 4 litros de déficit, aparecen
síntomas como lengua agrietada, perdida
de elasticidad en la piel (comprobar pellizcándose
en zonas blandas) y acusando desorientación,
inconciencia, etc. En estas circunstancias, el
hecho d dejar de sudar en plena actividad supondrá
un claro indicador de que se nos avecina un peligroso
“golpe de calor”
Como
regla general, hay que habituarse a ingerir pequeñas
cantidades mucho antes de que nos pueda dar la
sensación de sed; cuando esta se hace sentir,
estamos perdiendo como mínimo un 20% de
nuestras capacidades físicas. Para actividades
de una o dos jornadas de duración, bastara
con una buena cantimplora de 1.5 litros con agua
y haber bebido antes de comenzar.
Para
actividades de varios días de duración,
interesa complementar la ingesta de líquidos
con zumos de fruta, por el aporte adicional de
sale y vitaminas que supone. Cuando se trata de
rutas de larga duración, no hay que perder
la oportunidad de rehidratar el cuerpo al final
de cada actividad diaria, y antes de iniciar la
siguiente etapa. Igualmente, cuando no hay mucho
agua disponible, tampoco conviene comer mucho,
ya que las proteínas que se ingieran “piden”
agua, y si esta no se les da desde el exterior,
al obtendrán de las células de nuestro
organismo. En ambiente fríos, hay que beber
casi lo mismo que en uno caluroso, aunque apetezca
menos.
En
la montaña, el agua que circula por los
arroyos y torrenteras esta muchas veces próxima
a su zona de deshielo. El procedimiento por el
que el líquido elemento se enriquece con
sales es por que estas van disolviendo de las
rocas, raíces y plantas que encuentra en
su recorrido. Al utilizarse un agua que esta tan
cerca del lugar de su nacimiento, apenas ha podido
enriquecerse. Existen aditivos para echar al agua
y compensar estas posibles carencias. No hay que
utilizar por norma las sales como añadido
al agua en media – baja montaña. |